Llamamos a las puertas del eterno
buscando un descanso en nuestro viaje,
pero los lobos se llevaron la llave
y en la oscuridad no reconocemos el camino.
Perdidos en la nada
lloramos como niños sin consuelo.
El Señor infinito
contempla impasible nuestro llanto.
Que nos queda por hacer?
Criaturas inmundas,
imploramos perdon, misericordia,
pero perdimos hace tiempo la pureza
cuando mancillamos todo lo que era hermoso
Nos arrastramos ahora por una tierra
que con repugnancia nos rechaza.
Porque dejamos de ser sus hijos
el mismo dia que escupimos en su rostro.
Tokyo, Septiembre 1998
miércoles, 26 de septiembre de 2007
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