Dia gris por la mañana.
Me despierto entumecido
tras pasar la noche en blanco
entre recuerdos y frio.
Tu nombre viene a mis sienes
y al clamar por su salida
tu imagen se rompe y tiene
sabor solo a despedida.
Siento que algo en mis entrañas
me devora poco a poco
como un vacio, una nada,
que me va volviendo loco.
Señor, al gritar tu nombre
responde solo el silencio
de una tumba prometida
tanto al sabio como al necio!
Cuanto mas he de esperar
en esta estancia callada
hasta que venga la muerte
a llamarme, enamorada?
Tokyo, Diciembre 1998
miércoles, 26 de septiembre de 2007
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