Cuando la noche llega a los rincones mas secretos del alma
los mochuelos entonan su letania
de soledad y miedo. Bajo una luna fria
buscan un resguardo en moradas de arce
o cuevas de robledo. Bajo la tierra
escarban el humus los gusanos, compañeros
de eternidad, amigos de cuaresma.
Desde un cielo de raso
una lluvia de estrellas se derrama salpicando
el bosque
de esencia de cometa. Un viento suave
sopla entre los abedules, avivando por momentos
las brasas de una hoguera
a cuya lumbre se acercan, mariposas de Hecate
para sumar sus cuerpos a las cenizas viejas.
Es la hora de las brujas. Oberon y Titania
se aproximan con su corte de hadas y diablillos
El banquete comienza. Silencio!
No nos oigan.
Tokyo, Noviembre 1998
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