Kumiko es hermosa. Sencillamente hermosa.
Sus ojos, su nariz, su pelo despeinado.
Nada le sobra o falta.Nada fuera de su sitio o desproporcionado.
Su cuerpo menudo es grácil y pleno y su voz fresca y bien timbrada.
Si, Kumiko es hermosa.
Bella como las cosas simples:
el frescor de la madrugada, el olor de la hierba recien cortada, el canto del ruiseñor...
Cuando frunciendo el ceño me sonrie sin conseguir ese gesto severo que pretende,
el tictac del relog se detiene un instante.
Entonces, sin respirar siquiera, yo la miro a los ojos.
En silencio, como se miraría una mariposa
hasta que ella ya no aguanta más y deja que la risa vuele entre sus labios,
llevandose con ella mi aliento contenido.
Me gusta Kumiko porque sueña.
Porque sus ojos brillan,
porque su voz tiembla.
Porque callan los angeles cuando rie
Sus manitas pequeñas,
sus labios finos.
Tomar un cafe, caminar junto a ella,
Contemplar a su lado el conejo en la luna.
Ay, Kumiko.
Tokyo, Enero 1999
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