Diras que no oías mi voz
Que no oías mis palabras
Que el viento no las traía
Desde mi boca a tu almohada.
Que no escuchabas mi llanto
Ni menos mi risa amarga
Que no me oias suspirar
Desde el ocaso hasta el alba
Aun dirás que no me oias
Cuando tu nombre llamaba.
Tokyo, Enero 1999
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