Seco,
completamente seco de palabras.
Mudo como la espera,
frio como el olvido.
Los cuervos las llevaron no se a donde,
no se a quien.
Negros cuervos gigantes
robaron mis palabras y mi esencia
y me dejaron seco.
Completamente secon entre ataudes.
Llegaron a millares
picoteando todo lo que amaba,
la sombra de los tilos, las flores del cerezo,
el canto de los rios, la sonrisa en tus labios.
y cuando me vieron ya desnudo
levantaron el vuelo.
Por cientos, por miriadas.
Eclipsando con sus alas de brea el sol de la mañana.
La noche se hizo de repente.
Desda alla en lo alto oia
pedir auxilio a mis pobres palabras.
Pero yo no tenia ni siquiera
una piel que cubrirme.
De mi solo quedaba un esqueleto blanco,
estupido e inutil.
Entonces llego el cefiro
y con el mi osamenta se esparcio por la tierra.
Hormigas y termitas comieron de mis tuetanos
Con la cal de mis huesos
se pintaron balcones y ventanas.
Y asi, sin darme cuenta,
con la vida de otros recupere la mia.
Las palabras volvieron poco a poco.
Timidas, temerosas, vacilantes.
Desde mas alla de abismos y volcanes
de desiertos, de junglas,
del cielo y del infierno.
Y poco a poco me fueron cubriendo de ropajes,
de mar, de luz, de canciones lejanas.
La lluvia llego luego
y en el campo germinaron de nuevo las semillas.
Junto al estanque
donde nadan los peces de colores
y ranas y cigarras invaden el silencio con su estruendo,
espero ahora tambien
que regrese tu imagen.
Tokyo, Octubre 1998.
miércoles, 26 de septiembre de 2007
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