Calaveras en cascos de minero
Desenterrados relucientes.
En la casa en deshaucio
los buzones rebosan de papeles.
De los balcones grises
esqueletos de geranios
y cenizas de rosas
ahorcadas de las rejas.
Perros llenos de pulgas
orinan las esquinas de la vieja morada.
En el atico aun alguien
extrae de un violin a Paganini.
La calle pierde el nombre.
Mañana no habra nada.
Hoy, tampoco.
Tokyo, Febrero 1999
martes, 25 de septiembre de 2007
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