Un cronopio entra en una merceria.
- Buenos dias. Queria dos carretes de piolin. Uno azul.
- Uno azul, y el otro?
- Del color de su sonrisa.
- Lo siento señor. Verdes no tenemos.
- Oh, vaya. Blanco entonces.
- Aqui tiene.
- Muchas gracias. Que le debo?
- Dos carretes de piolin... uno azul....Un verso en los labios.
- Lo siento señorita, pero yo no soy cartero.
- Oh, disculpe. En ese caso una rosa de otoño.
- Ecco signor la rosa.
El cronopio deja sobre el mostrador una rosa blanca que extrae de su gaban. Cuando sale por la puerta y dejan de sonar las campanillas la rosa se transforma en dos mariposas que revolotean por la tienda. Una azul. La dependienta piensa. "Ya sabia yo que el tipo era cartero".
Japon, 1999
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario